El noveno y décimo Clásicos de la era Mourinho
están a tiro de piedra. Más del cincuenta por ciento de las condiciones que se
tenían que dar para que Madrid y Barça se encuentren en los cuartos de Copa ya
se ha producido. Los blancos superaron el escollo del Málaga y los azulgranas
tienen más que encarrilada su eliminatoria contra Osasuna.
Si los rojillos remontan mañana el 4-0 del Camp
Nou estaríamos ante la mayor sorpresa del mundo del fútbol de los últimos años.
Tanto el presidente, Pachi Izco, como el entrenador, José Luis Mendilibar,
dieron por perdida la eliminatoria tras acabar el choque de Barcelona.
Los ocho Clásicos que se han jugado con Mourinho
dirigiendo al Real Madrid han tenido de todo, pero sobre todo un vencedor moral
hasta el momento: el Barça. De esos ocho enfrentamientos los de Guardiola han
ganado cuatro, han empatado tres y sólo han sufrido una derrota, eso sí, en la
única final disputada, la de la última Copa del Rey.
Desde el 5-0 del 29 de noviembre de 2010 hasta el
1-3 del pasado 10 de diciembre, hemos tenido fútbol del bueno, tensión, emoción
e incluso la peor cara del fútbol, con disputas físicas y dialécticas que
afortunadamente parecen ya erradicadas.
Las declaraciones de los dos entrenadores, el pique dentro y fuera del terreno de juego de los internacionales españoles, las actuaciones arbitrales —sobre todo la del alemán Stark en el Bernabéu—, las tanganas... fueron protagonistas por encima de lo más importante: el juego.
Con propósito de enmienda empezó la temporada 2011-12, pero ya en la Supercopa volvió a liarse la de San Quintín. El famoso dedo en el ojo de Mou a Vilanova y las provocaciones entre ambos bandos volvieron a avergonzar al fútbol español. En el césped, Messi demostraba quién es el número uno pese a mostrar un aspecto físico más cercano a la playa que a los terrenos de juego. Por fortuna, en el último duelo el fútbol volvió a ser el único protagonista. Esperemos que se mantenga esa tendencia.
