Mañana se cumple un mes del último Clásico y, desde ese partido hasta
el día de hoy, el público del Bernabéu lleva mirando con lupa a
Cristiano Ronaldo hasta el punto de que el runrún que se escucha en
algunas de sus acciones va subiendo a tímidos silbidos que, en
ocasiones, se hacen más palpables. No se puede decir que haya un
divorcio, pero ya es noticia que un sector de la afición no apruebe el
juego del que es uno de los jugadores más importantes del equipo.
Todo empezó el 10 de diciembre, en el partido que enfrentó al Real
Madrid contra el Barcelona, y en donde el Bernabéu se frotaba las manos
cuando vio como Benzema adelantaba a su equipo a los 23 segundos.
Cristiano pudo haber sentenciado el encuentro en una ocasión manifiesta
de gol. Decidió disparar desde la frontal del área cuando, a su derecha,
tenía desmarcado y en mejor posición de gol a Di María.
Minutos
después vino el empate del Barcelona. En la segunda parte, con el Real
Madrid perdiendo 1-2, Cristiano Ronaldo tuvo otra clarísima ocasión de
gol. Falló un remate de cabeza, en el área pequeña, que mandó
inexplicablemente fuera de la portería de Valdés. En ese momento se
empezaron a escuchar silbidos. El runrún subió de tono.
El Clásico dejó un debate en la calle, del que no es ajeno el
portugués: ¿Por qué Cristiano Ronaldo no marca en los partidos
decisivos? ¿Y por qué sí lo hace Messi? El portugués no ocultó su
malestar en los siguientes días.
En el primer entrenamiento después del Clásico se le vio apartado del
grupo, sin hablar con nadie, sin ni siquiera juntarse con su gran amigo
Marcelo. No estaba para bromas. Se camufló en un gorro, ocultando su
mirada de rabia.