"Me rindo chicos, me rindo". La radio de Fernando Alonso, a dos
vueltas para el final del Gran Premio de Corea, en plena caza de un
posible podio, se oyó en las televisiones de todo el mundo, en directo,
en inglés. "No me lo puedo creer, nunca pensé que se lo oiría decir a
Alonso", señaló algún comentarista. Chirrió, especialmente en alguien
como Fernando, que no da ni una uña nunca, ni cuando estaba con el
Renault hundido a mitad de carrera.
¿De dónde venía esta desazón? La versión oficial es que "llevaba 22
vueltas a ritmo de calificación tratando de pillar a los de delante y
cuando me dijeron por radio que quedaban sólo dos vueltas, viendo que
casi me doy contra un muro, dije 'O.K., no puedo chicos, ha sido
suficiente por hoy'", confesó el español.
Lo que no se escuchó es lo que le enviaban desde el equipo los 21
giros anteriores, donde básicamente se le pedía que forzara y forzara,
que podía atrapar a Button. Alonso tenía las ruedas cinco vueltas más
nuevas que sus rivales y desde el muro entendían que podía tirar. Lo
hizo, a un ritmo infernal, marcó la vuelta rápida de carrera en varias
ocasiones... y llegó el roce contra el muro. Con Button aún lejos,
Alonso vio en peligro su posición y se conformó.
